jueves, 9 de diciembre de 2010

Derecho al delirio. Eduardo Galeano

Estrellas

Quiero conmoverme con las estrellas otra vez,
allá arriba. Lejos. Otros mundos.

No quiero perder estos ojos,
ni esta vida ni este instante,
quiero respirar así,
como ahora,
como nunca.

Quisiera,
prolongar cada segundo solo un poco más,
la vida, cada momento.

sábado, 4 de diciembre de 2010


Te juro que si no me atrapas,
ahora que casi me tienes,
ahora que casi me pierdes,
ahora que casi me recuperas.
Me voy a ir despacio,
me voy a ir buscando,
un nuevo amor.

Te juro que si no te quedas conmigo ahora,
pero, ahora...
Me voy a ir mirando;
otros labios,
otras manos,
otras miradas,
otros encantos,
y me voy a dejar caer encantado,
a los pies de un nuevo amor.

Qué sienten las mujeres, las madres y las hijas,
de los centenares de hombres afganos,
destrozados por los bombardeos,
que destrozaban también,
las montañas de Afganistán.

Qué sienten,
los niños y niñas cuyos padres y madres no volvieron,
de su cautiverio en la selva de Colombia,
antes de dormirse horrorizados para siempre,
en medio del suño incomprensible de las FARC.

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Si me dejaras
contar tus lunares,
apuesto que no sabrías,
si no fuera por mí,
cuantos lunares tenías,
repartidos por toda tu piel;
pequeños, más grandes y pequeñitos,
escondidos.

Si me dejaras,
entonces yo, astrónomo de tu cuerpo,
descubriría saturno, júpiter y urano,
y las lunas escondidas,
jamás exploradas,
que orbitan un planeta mágico y desconocido.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Pasajeros del tiempo

La vida es corta amor.
Un chispazo en el eterno nada.

Tuvimos la oportunidad de conocernos,
todos los aquí presentes;
El villano, el opresor y el oprimido.
Lo justo. Lo injusto.

La felicidad también está aquí,
para acompañarnos, si queremos.

Coincidimos en el instante fugaz
que pudimos compartir,
como fraternos pasajeros de un crucero
perdido en la noche del tiempo.

Santa María, Pichilemu, 14 de octubre de 2010.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Vértigo

Súbito me percato ... !
Vértigo ...
Esta vida va como un rayo.
Mi vida ...
Demasiado a prisa se me van pasando las horas y los días,
Demasiado.

domingo, 22 de agosto de 2010

Caminaré despacio. Tranquilo.
Por senderos soleados
y mis propias teorías de las cosas,
sin importar que no pueda concebir aún
qué se puede hacer con la libertad.

Rancagua, Avenida República, 25 de diciembre de 1994.
Se expande algo que desborda en extensiones,
se respira hondo en horizontes dispersos,
el tiempo rebanado al filo de un antes y un después,
y llanuras infinitas invitando a caminar.


Moneda con San Martín, 20 de noviembre de 1993.
Mientras el sol funde los jardines
de tierra seca y dura,
a las tres de la tarde de sábado,
y descansa la micro de un vecino
a la sombra de un block,
negras moscas felices
dibujan ángulos y líneas rectas
a media altura en las escalas,
a vuelos rasantes sobre los tarros oxidados,
calientes y llenos de basura.

Ni un quiltro medio hambriento y enfermo.
Ni siquiera niños con una pelota vieja.

Sólo ropa que danza apenas un poco
colgada fuera en algunas ventanas
y vecinos que dejan la puerta abierta
para ver televisión sin encierro,
sin camisa y sin zapatos,
hasta que la tarde no atonte,
y la calor pase.
He sido extranjero,
venido siempre por algunos días,
he querido vivir como desde siempre,
como para siempre.
He querido quedarme.
Entonces migro,
como en cada estación.
sin poder precisar si fue el sol, o el viento,
o el aire, o las estrellas, o desde dentro,
mudo, implacable, cruel y perentorio mandato.

Continuará, dice siempre la última página,
y me entrego a divagar,
mientras espero y espero.

Jamás una bandada que me lleve de paso,
ni mapas, ni faros, ni guías experimentados.
A ciegas con los ojos nublados.
Alerta a que la garganta o el pecho exploten.
Aquí en la población
las tardes de sábado
se oyen desde algunas ventanas
rítmos de salsa y de cumbia
que van anunciando tranquilos
que la tarde de sábado se va,
que la noche de sábado ya llega.

Algunos vecinos hacen trabajitos
de tarde de sábado.

Algunos niños juegan en las escalas del block,
y la tarde se va.
De los territorios obscuros
he sido explorador.

He usurpado otras vidas
y he protagonizado historias
que no fueron escritas para mi.

He espiado desde las sombras y el dolor
y he recogido testimonios de muertos
que resistieron a ser enterrados
para no pasar a otra vida y sufrir más.

Me he detenido frente a cada calle
y a cada puerta,
un poco más de lo prudente,
por ello se me han abierto muchas,
y yo me he colado como un espíritu sin cuerpo,
sin nombre ni destino descifrable,
solo por mirar.

Pero quedaron tantas vidas en el camino
abandonadas a su suerte
mientras yo seguí abandonándome
a la mía.
Vida,
apenas te comprendo pero me hipnotizas,
tomas forma de atardeceres allá en el sur,
y tomas forma de mar y de árbol añoso,
lo mismo que tomas forma de mujer.

Me haces sentir inherme
ante la ternura mezclada con pasión irrefrenable,
y me remeces con las emociones más vitales
y más cercanas a la irracionalidad.

Y juegas y me haces jugar
entre los abismos de la incertidumbre,
la terrible y amable soledad y el dolor,
la sensación de la pérdida y la muerte
y el éxtasis de contenerte en un infinito
de ceguera y embriaguez desbocada
para transformarlo todo inesperado
en serenidad senil como días tranquilos
de dinosaurios errantes.
Sus ojos miraron entonces abriéndose un poco y quedaron fijos, húmedos, aguardando las palabras que les destrozaran, pero no allí en ese momento. Después. Cuando nadie pudiera darse cuenta que también sentía.

Nada se escuchó en aquel instante afuera
ni dentro de los oídos.
Fue una explosión de silencio,
fue una sensación de muerte.
La última energía de la vida
se fue en la última mirada,
en la última palabra de agonía
porque luego no quedó nada.
Nada más que un cuerpo caminante,
vacío como adorno de taxidermia
con ojos de vidrio.
Todo lo etéreo se evaporó.
Los muertos aprenderían a llorar
si quedaran vivos.
El motor de ese avión allá en el cielo
a ratos entre nubes dispersas
suena monótono en mis oídos
y al interior de mis recuerdos
también a ratos dispersos...

Siento que algo de mi se desprende
para cruzar un cielo nebuloso
como ese y tantos otros aviones
que veo cruzar los cielos desde niño.

De noche busco satélites errantes
que me lleven,... que me lleven.

Rgua 13, abril 1990.
Yo reconozco
que la carne es carne y que de ahí viene la palabra escarnio,
como el ladrido recorre las noches y los techos
y las calles y los patios silenciosos
cuando en el desvelo de mis sueños
te veo en el horizonte de mi almohada
y veo que la vida se nos pasa
en lo que dura ese ladrido allá a lo lejos
que se va perdiendo en la distancia poco a poco
al igual que el dolor en el mar de mi existencia.

Rancagua 13 de abril de 1990.