domingo, 22 de agosto de 2010

He sido extranjero,
venido siempre por algunos días,
he querido vivir como desde siempre,
como para siempre.
He querido quedarme.
Entonces migro,
como en cada estación.
sin poder precisar si fue el sol, o el viento,
o el aire, o las estrellas, o desde dentro,
mudo, implacable, cruel y perentorio mandato.

Continuará, dice siempre la última página,
y me entrego a divagar,
mientras espero y espero.

Jamás una bandada que me lleve de paso,
ni mapas, ni faros, ni guías experimentados.
A ciegas con los ojos nublados.
Alerta a que la garganta o el pecho exploten.

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