martes, 8 de diciembre de 2009

Fuente Alemana

Hoy he visto unos seres extraños,
extrañísimos,
vienen sobre una barca,
alados, un cóndor, detrás ...
Las alas abiertas,
a punto de dar un salto para volar.
Viene un hombre erguido cuan mástil enhiesto,
y sobre sus hombros las velas recogidas.

Vienen otros con él,
semidesnudos, semireales,
y vienen por el parque,
poderosos, mitológicos.

Vienen abriéndose paso por entre la arboleda,
y los enamorados,
vienen cruzando las tardes,
y las noches a la luz de luminarias ordenadas,
y pobladas de polillas.

Vienen despacio y silenciosos,
vienen forjados en metal,
y yo quiero enseñártelos algún día,
porque cada vez que me los encuentro, no sé por qué,
pienso en ti.

(Fuente Alemana Parque Forestal de Santiago 20 de diciembre 1991).

Pedro

Estoy en los tiempos de tu pasado remoto,
presenciando en vivo las cosas que serán lo pretérito de tu historia,
conviviendo con los personajes y los acontecimientos,
que se plasman en los libros y los diarios amarillos,
y que a mí, se me aparecen en las calles,
me involucran, sin que yo pueda distinguir lo trascendente,
de lo cotidiano o lo banal,
lo meramente presente de lo que perdurará.
Estoy en el pasado de tu madre,
quien en primavera da flores cada día,
como el fruto dulce de tu existencia.

(Diciembre de 1988).

Ahora

Ahora,
que me he reconquistado y reconstruído,
y ya revindicadas las horas, que ambicionaba para mi,
las cuento, las junto, y no sé qué hacer con ellas.
Aveces las ordeno, las clasifico, las separo,
y las vuelvo a ordenar,
las vivo vacías, inútiles,
las vivo tristes,
las lloro y las vuelvo a contar.

El Circo

Era un circo de payasos negros.
La Razón, se llamaba el número estelar.
Sabían un chiste de lógica y otro de cordura,
también hacían una rutina de álgebra y alquimia.
El señor Corales daba latigazos a un león flaco y hambriento,
miembro honorario de la sociedad protectora de animales,
y antiguo rey de la selva.

Había dos gemelos trapecistas que vendían maní,
cepillaban al elefante,
pintaban a las mulas de cebras de gala,
y a las gallinas castellanas de pavos reales.
Vendían las entradas y las cortaban en la puerta,
y ellos mismos compraban algunas para revenderlas depués.

El equilibrista había muerto,
cuando un tony travieso consideró gracioso quitar la red.