sábado, 26 de marzo de 2011
El último verano
La tarde ya caía y se sentía el césped fresco bajo los pies, y una brisa que no solo anunciaba el fin de la tarde de piscina en el club, sino que además el fin de la temporada. Claro que, en esa tarde, nada anunciaba que sería además la última tarde de piscina al amparo del bienestar de mis padres, la última tarde despreocupada, al son del guitarreo de unos chicos, que probablemente sí regresarían la próxima temporada. Quedábamos los que nos resistíamos un poco a dejar el verano atrás. El agua de la piscina se batía calmada ya sin que hubiera algún bañista que la agitara. Y sólo algunos por aquí y por allá, aún permanecían sobre sus toallas tendidas sobre el césped, mientras el tránsito hacia y desde los camerinos, se iba haciendo más esporádico. Y ese chico, que con su guitarra entonaba una y otra vez el mismo tema que se sabía muy bien, fue grabando, sin que yo lo advirtiera, este recuerdo que se evoca instantáneo, cada vez que en la radio escucho esa canción. Fue el último verano despreocupado de mi juventud. Nunca más volví al club. Sin saberlo, dejaba atrás al son de esa melodía, los vales firmados en el bar; por un sandwich y una bebida, y los amigos que ya emprendían el vuelo como yo, hacia el futuro lleno de esperanzas e ilusiones que avisorábamos en el horizonte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario